Elsa es una mujer que consiguió la fortaleza en medio de la adversidad

Prepara Familia presenta historias que inspiran

Elsa llamó a su esposo llorando porque había recibido un posible diagnóstico médico que indicaba que su hijo, Miguel Alejandro, era drepanocítico. Ella estaba en Río Chico, Barlovento, en el estado Miranda. Los especialistas que vieron los exámenes le recomendaron que fuera hasta el hospital J. M. de los Ríos, en Caracas, para que evaluaran mejor al niño.

Y así fue. Una mañana de marzo del año 2007 se paró bien tempranito para ir hasta Caracas. Al llegar al hospital, entregó los exámenes y los médicos ordenaron hospitalización seguida por una transfusión de sangre. Miguel tenía tres años de edad. Elsa solo intentaba entender las palabras de las enfermeras, quienes le explicaban que, a partir de ese momento, esa iba a ser su rutina de vida.

Los exámenes revelaron que la patología de Miguel era una talasemia mayor.

“El mundo se me cayó encima porque lo único que tú quieres es que tu hijo sea sano”, contó Elsa.

Sin embargo, de la misma adversidad, Elsa sacó la fortaleza para no demostrarle a su hijo la gravedad del asunto y para subirse en un autobús de transfusiones sanguíneas y constantes consultas médicas que le aseguran a Miguel una salud estable.

Elsa Murillo es una mujer de 39 años de edad. Nació en Río Chico y ahí ha vivido toda su vida. Se casó y formó una familia. La mayoría del tiempo está en casa y, aunque es abogada, se ha apartado de su profesión para dedicarse por completo a su hijo.

Junto a su esposo y su hijo, tiene 10 años viviendo en una casa que construyeron poco a poco en una zona rural de Río Chico. Muchas veces falta el agua y la luz. No hay servicio de teléfono, ni vialidad.

“Miguel ya es bachiller. Me costó bastante”, reconoció Elsa. Su hijo, Miguel Berrios, tiene 17 años de edad y padece de talasemia mayor, sobrecarga de hierro y es positivo para hepatitis C. Aunque Miguel en algún momento se pudo desanimar porque no quería estudiar, su mamá siempre lo motivó. Para ella, era indispensable que su hijo lograra graduarse.

Cuando Miguel nació estuvo aislado unos 10 días porque los médicos decían que tenía poco peso y estaba muy amarillo. Al pasar los días, salió sano y salvo. Luego no fue un niño enfermizo. Las dificultades empezaron cuando cumplió tres años y tenía mucha fiebre, alergia y la barriguita caliente e inflamada.

Elsa llegó al hospital y le dijeron que tenía anemia. El tratamiento tenía que administrarse por dos meses y luego debía repetirse la hematología. En la segunda tanda de exámenes, Elsa pegó un grito al cielo cuando vio que tenía valores muy alarmantes. Y ahí fue que comenzó todo el proceso para un diagnóstico y tratamiento.

Miguel lleva 220 transfusiones en su cuerpo. Su mamá ha sido su bastón y su compañía. Cuando ha sido necesario, Elsa va hasta el Banco Municipal de Caracas para buscar sangre. Ha llevado familiares desde Río Chico hasta Caracas para que le donen sangre para el joven.

“Una mujer venezolana es abnegada, luchadora, dedicada, amorosa y lo da todo por su familia”, sostuvo Elsa.

El camino desde Río Chico hasta Caracas es difícil. En una época se paraban a las 3:00 a. m. para salir a las 4:00 a. m. al terminal y a eso de las 6:00 a. m. llegaban a Caracas. Ahora, prefieren hacerlo un día antes por las dificultades de transporte y porque a veces han pedido el viaje hasta la ciudad: al llegar al hospital no hay sangre, personal o insumos.


Para salir de su comunidad debe tomar tres autobuses. El más costoso, que va hasta Caracas, cobra dos dólares, mientras que el salario mínimo en el país son 0,90 centavos de dólar.


Elsa recuerda que, una noche que iban de regreso a Río Chico, cayó un palo de agua. Cuando casi iba llegando a su casa, unos delincuentes se subieron a la camioneta. Ese día sintió mucho miedo. Pero sabía que no podía parar y más si se trataba de la salud de su hijo.

La crisis hospitalaria en el J. M. de los Ríos ha sido otro obstáculo que superar. No obstante, Elsa agradece a las doctoras del servicio de Hematología porque reconoce su esfuerzo de seguir atendiendo a los niños por la mística que las caracteriza.

Además, pide que vuelva a aparecer el medicamento Exjade, que desde octubre de 2018 se ha dejado de entregar a los niños del J. M. de los Ríos porque la farmacéutica Novartis se fue del país y no se renovó más convenio con ellos. Al menos para Miguel resulta indispensable esta medicina. 

Elsa, con la sencillez de sus palabras, demuestra que es una mujer fuerte. Que establece prioridades y que siempre pone adelante a su familia. Y que la adversidad no ha sido motivo para detenerla. 

Texto: Mariana Sofía García

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